COMO POEMAS QUE DANZAN EN EL AIRE

Artículo Publicado en www.eldiario.com.co/lasartes

Germán Ossa

Vivía este columnista por la carrera segunda entre calles 16 y 17, a una cuadra escasa del sitio donde el gran bailarín pereirano Jaime Orozco, tenía su casa de habitación.

Recuerdo muy vagamente su rostro, serio, tejido con una magia de dureza extraña, pero sincero. También recuerdo su extraño parecido con Jean Paul Belmondo, ese famosísimo actor francés que nos enseñó con su actuación en la pantalla grande, muchas maromas por las que debían atravesar ciertos personajes de los bajos mundos de la Europa conflictiva de los años 70, para hacer riqueza y poseer las más bellas mujeres de ese entonces.

Y lo mejor, recuerdo también que ese gran bailarín estaba acompañado de una muy bella mujer, de pelo liso, facciones sutiles y ojos inmensos y negros, que desplegaba hermosos pasos al caminar, como si para moverse por este mundo, a mañana y tarde, tuviera que hacerlo con un Peter Iliv Tchaikovsky, zumbando a su alrededor siempre.

Se trataba obviamente de Ana María Mejía, nuestra bella bailarina de siempre. Ese rostro, sus formas de desplazarse y sus gestos, se grabaron en mi conciencia con la facilidad con la que han de grabarse esas hermosas cosas que uno desea conservar para sí toda una vida.

Tuve la fortuna de contactarla de nuevo, pero ya cara a cara, cuando el Ex alcalde Jairo Arango me ofreció el Teatro Santiago Londoño de Pereira para que lo dirigiera, en su mandato.
Allí ya supe cómo vibraban sus cuerdas bucales y detecté a plenitud, su natural sensibilidad. Durante varios años le vi entonces aplaudir y regañar con la ternura que la caracteriza, a sus alumnos todos, centenares de ellos, que llenaron de magia el escenario de nuestro bellísimo teatro municipal.

Como cada año, Ana María, los días 25, 26 y 27 del presente mes, ya en el Teatro Juan María Marulanda (Museo de Arte Moderno de Pereira), realizará una nueva presentación mágica de sus alumnos que demostrarán lo aprendido durante largos 10 meses de duro trajín.

En esta oportunidad, en compañía de su también muy bella hija Ximena Orozco, coreógrafa y libretista además, llevará a cabo la clausura de actividades con un espectacular programa, el cual ha denominado “Tres Momentos”, fraccionados de la siguiente manera: El primero, llamado Abrazo, conformado por un performance, compuesto por segmentos de danza contemporánea, baile deportivo, hip hop y afro, llevando como hilo conductor a dos actores que alegran dicha jornada dancística.

Un segundo momento denominado Cepeliana, basado en una historia ficticia de muñecas de almacén que sueñan, bailan y empiezan a amar la danza y obvio, sus movimientos y el tercero y último titulado Carmen, el cual se lleva a cabo en un lugar de arreboles donde el ocaso anuncia dolor, las almas se visten de cotidianidad, se orean sábanas blancas, se disfruta la conquista, los desfiles de la guardia y se ventilan los suspiros y las tentaciones. Un amor infinito que se quebranta tras el grito de una traición que lamentablemente trae consigo…la muerte.

Un hermosísimo espectáculo que además de tener que gustarle a los padres de los más de 100 niños y jóvenes que conforman la Academia de Ballet de Ana María Mejía, que muy pronto pasará a ser patrimonio de su inteligente hija Ximena, llena de satisfacción al espectador desprevenido que lo observa, pues está hecho con el profesionalismo y la sinceridad de esas damas que saben con profundidad de qué trata el arte de la danza.

La Academia de Ana María se ha caracterizado por tener siempre entre sus alumnos, un número considerable de becarios (este año por ejemplo hay más de veinte becados), durante estos 30 años de actividades, que han mostrado cada vez un crecimiento en su calidad, en lo mostrado allá en los escenarios que ha pisado su alumnado, sean niños, adolescentes o jóvenes, pues son innumerables e incontables, esas escenas mágicas que han quedado tatuadas para siempre en nuestras conciencias, por culpa de su colorido, la bella puesta en escena y los desplazamientos por el aire, con los que han escrito esos bellos poemas aparentemente inimaginables.

Antecedentes del ballet
El ballet o danza clásica es el nombre específico dado a una forma concreta de danza y su técnica que según las épocas, los países o las corrientes el espectáculo coreográfico puede incluir: danza, mímica, y música (de orquesta y coral), decorados y maquinaria.

También se utiliza el término ballet para designar la pieza musical compuesta, a propósito, para que sea interpretada por medio de la danza, de allí que esté considerado como una de las artes escénicas.

La técnica de esta danza tiene una dificultad importante, ya que requiere una concentración para dominar todo el cuerpo, añadiendo además un entrenamiento en flexibilidad, coordinación y ritmo musical. Lo habitual, aunque no obligatorio, es que se aprenda con una edad temprana, para interiorizar y automatizar movimientos y pasos técnicos. Es ideal una formación paralela en solfeo, aunque tampoco imprescindible.

Para el calentamiento se utiliza una zapatilla de tela (o piel) con suela partida o completa, muy blanda y fácilmente adaptable.

Cuando la experiencia, la condición física y la fuerza del bailarín ya lo requieren, se comienza el entrenamiento con las puntas de ballet. El vestuario debe ser cómodo y, sobre todo, debe dejar marcado el cuerpo para poder corregir y ver los movimientos de brazos y piernas.

Puntas de ballet
Las puntas de ballet son zapatillas con puntas de cartón o yeso para sostenerse de punta.
Se trata de una zapatilla especial creada para la estilización del cuerpo femenino a la hora de bailar en un escenario y su uso se suele hacer si se posee la capacidad y la fuerza necesaria en las piernas.

Es muy peligroso que alguien sin la capacidad se suba a ellas ya que podría causar lesiones extremadamente graves, como fracturas y desgarros. Al comenzar, la práctica con ellas suele ser dolorosa. Hoy en día se acostumbra a usar protectores de silicona en la punta, antiguamente se usaba solamente protectores de tela.

En muchas escuelas, donde las niñas empiezan apenas a los cuatro años, se suele comenzar con las puntas alrededor de los nueve o diez años, en su mayoría escuelas de enseñanza rusa, dependiendo no sólo de la edad sino de la fuerza en las piernas y pies de cada bailarina, sin embargo, en algunas academias reconocidas en el mundo, los pequeños aprendices comienzan a partir de los once años y se empiezan a utilizar puntas alrededor de los quince.

El entrenamiento es lento, y al comienzo solamente durante pocos minutos ya que es un ejercicio que se debe hacer diariamente y con esfuerzo. Al cabo de un tiempo practicando, serán capaces de subirse en las puntas sin complicaciones, para realizar luego coreografías grupales y luego individuales (de acuerdo al progreso) en el escenario.

Lo importante es no decaer y tener confianza en lo que uno puede y quiere lograr mediante este hermoso medio.

Así, consolidándose la ciudad como un espacio propicio para el arte y la cultura, Ana María Mejía, vuelve a sorprendernos con sus magistrales y elegantes danzas, que demuestran las aptitudes coreógrafas de sus integrantes, niños, niñas y jóvenes que aman bailar para el público.
Felicitaciones maestra Ana María y gracias por darnos siempre la alegría del baile, la bella música y la inspiración con el lenguaje del cuerpo.

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