Sobre transmigración y transculturación en el proceso del Folk y lo folklórico en las Culturas de los pueblos Africanos a los pueblos Afroamericanos.

Texto de Luis Fernando Tasceche

Santiago de Cali, 2012

 

Sobre los procesos de trasmigración y transculturación en las culturas humanas, los maestros Kardec y Ortiz  son los investigadores sociales que más representativamente han profundizado sobre el uso, la construcción y descripción de estos procesos, como conceptos explicativos de estos fenómenos históricos.

De manera preliminar, en las investigaciones sobre los fenómenos sociales de las músicas, las religiones y las estéticas se dado a conocer cómo de manera compleja como la transculturación es una manifestación de las culturas humanas.

Esta manifestación que es muy secular y sus elementos constitutivos son hechos en procesos interdependientes.

Estos elementos son integrantes de las expresiones culturales humanas en su plenitud. [Sobre lo folklórico y el folklore hay que hacer una serie de precisiones desde lo que ha desarrollado el sabio Fernando Ortiz.

El ver, el observar  y el conocer el folklore implica hacer una caracterización etnográfica].

Según Walter Wiora, en una ponencia  aparecida en el Journal of the Internacional Folk Music, intitulada “Corcerning the Conception of Authentic Folk Music”, el musicólogo de Friburgo de Brisgovia, dice en relación con el folklore,  que el termino “Folk no significa precisamente un grupo nacional y etnológico, es el estrato básico de una dada sociedad humana”.

El maestro Ortiz afirma que: “el folklore no es arte precisamente primitivo. Tampoco es un fósil vivo que se niega a morir” tal como lo pensó C.F. Potter.

Recuperando a Wiora, “lo Folk, lo  folklórico ha sido y es todavía una gradación social, una condición de base”.

Entendido así,  “lo Folk, es en una sociedad particular la gente de abajo”.

“Se ha pensado de manera restrictiva, -argumenta Ortiz- que las expresiones culturales de los campesinos, de los obreros, de ciertos grupos minoritarios y marginados son expresiones folklóricas”.

Sin embargo, se estima que estas expresiones abarcan una extensión mayor. “Lo folklórico es algo exquisito, que tiene forma, color, [sabor y olor], nace en lo rural y en lo urbano”.

Añade y aclara: “No es de una clase social específica”.

 

Asegura para producir más certezas en la búsqueda de encontrar en la Investigación Social Cualitativa de lo Cultural: “Lo Folklórico, es según lugar y ocasión, lo que pertenece, en parte al estrato social básico de toda sociedad”.

“Las expresiones folklóricas –enfatiza Fernando Ortiz- no son anónimas”.

“El folklore tiene sus “linfas”, donde la sociedad se precipita gozosa a sumergirse en sus corrientes. Lo folklórico nace en el individuo artista, germina espontáneamente y se desarrolla de manera gradual e imprevista.

Lo folklórico es también música de tradición. Brota a cada instante de las fuentes castalias. Lo folklórico no es un arte exclusivo de analfabetos, ni la tradición oral es su definidor y exclusivo carácter. Porque no sólo es música de tradición” –argumenta su exposición científica para evitar habladurías, opiniones y comentarios al margen del rigor de la demostración, el maestro cubano Fernando Ortíz-.

Las expresiones musicales folklóricas  “no son cosas vulgares y cotidianas, muchas veces pueden ser remotas y excepcionales, como ciertos himnos que se cantan –ejemplifica F.Ortiz- en los templos sólo en ocasiones señaladas como un requerimiento ritual o en ceremonias esotéricas. También lo que caracteriza a un canto folklórico, es la existencia de múltiples versiones y la fijeza inalterable de sus formas que es lo que hace afirmar su folklorismo”. Como pueden suceder con los cantos practicados por las asociaciones de practicantes de la Santería, la Palería y en las Ceremonias de Ifá donde los Babalaos, Oluwas, Obás y demás Cabildantes de la religiosidad que obran de acuerdo a su estado y profundidad social en lo que se reconoce como su práctica y sabiduría, ganada con respeto y confianza entre sus fieles asiduos a las Casas de Santo en la Habana, y en muchos otros lugares del Caribe y Latinoamérica, [como está sucediendo con las prácticas religiosas en la ciudad de Cali y que hoy son reseñadas y estudiadas por grupos especializados de investigación científica de Universidades Colombianas de la Universidad Nacional de Colombia, Los Andes y la Universidad del Valle].

“Ciertamente, es a veces difícil distinguir unas expresiones folklóricas de unas que son meramente populares. Muchas veces sucede que expresiones folklóricas tiendan a ser populares, como otras a ser populares sin ser por ello folklóricas” sostiene para aclarar y hacer ciertas precisiones don Fernando Ortíz.

Es necesario entender y comprender los procesos en los que se desarrolla particularmente: “Lo folklórico, que está predeterminado por las tradiciones y las costumbres, por lo pintoresco”.

Aquí es muy importante saber diferenciar, precisar y tener la capacidad de dilucidar: El que “lo folklórico y lo popular sean expresiones de igual sentido, necesariamente sufren por su contenido una diferenciación pues así el concepto de lo popular es más amplio”

La pregunta fundamental en la que en medio de la Modernidad Contemporánea nos dejamos muchas veces enredar porque se nos olvida recoger lo que un sabio como el maestro Fernando Ortíz ha sabido auscultar, pudo hacerlo directamente, en el solar, en los “Fambás”, en los recintos sagrados cubanos, directamente en los Cabildos Afrodescendientes de los Africanos en la Habana, en Matanza, en Guanabacoa y donde las tradiciones tenían décadas, quinquenios y centurias -y por supuesto no admitían suposiciones porque eran reexplicadas las observaciones-, en la práctica -tenían que admitir, recomendaciones desde el saber popular que se hacía desde el adentro de: “donde están el Folk y lo folklórico, ese substrato, esa esencialidad del lenguaje de la cotidianidad, que está limitado al basamento estratigráfico de una determinada sociedad humana”, que -en especial en la Habana, y en muchos puertos del Caribe, en el Pacífico, en el Brasil o en New Orleans-, pudieron efectivamente reasumir prosodias, afirmaciones que articularon con las lenguas dominantes, cantidades de procesos postmorfológicos que hoy traducen otra sucesión de significados y resimbolizaciones.

Entonces,  debemos acercarnos a llegar a un estado de conocimiento social que efectivamente no muestre  que: “El Folk, es arte de sociedad, que expresa y desarrolla propósitos colectivos, fuente y cauce de toda comunidad. Es Folk por razón de su vida. Nace y vive como función de grupo. El Folk es colectivista” afirma con cierta finura gratificante para la sabiduría humana y latinoamericana don Fernando Ortíz.

Fela Sowande afirma que: “el Folk  tiene una cualidad esencialmente democrática, pertenece a una cultura que con frecuencia es muy antigua, tiene una filosofía esencialmente religiosa, ética y primariamente agraria. El Folk tiene una función social que se representa en la clara y definitiva cohesión  que logra entre las comunidades, en su más amplio sentido pues  nuclear socialmente para el trabajo y para el placer”.

Las expresiones del Folk son de “gentes coordinadas entre sí para la plenitud orgánica de las funciones sociales”.

Hoy en este presente tan ambiguo y muchas veces que desea y quiere ser predeterminadamente arrasador y desconocedor de los procesos sociales y colectivos hay que decirlo: “Lo Folk no logra ser parte de las expresiones culturales  masivas”. Al contrario, se diferencian a pesar de lo masivo, del pop, de los Social Media, del Networking, del Blog, de los Sitios y sobre todo de la radio y la televisión [de las intervenciones y modelaciones en las transmisiones espectaculares y lo que informan], -de sus paradojas de objetivación, de sus simplicidades y simplificaciones y mediaciones simbólicas, mirar y ver y fotografiar desde afuera, sin entrar, cómo se enuncia, cómo se hace, cómo se reconoce, cómo es el secreto del murmullo del folk, cómo es ese juego, cómo entabla un juego, cómo recrea las relaciones de complicidad y connivencia, cómo aforan escenarios públicos donde documentan a conciudadano en grandes diferencias, -con deferencia, con las Altas Sabidurías, con más humildad, con un rigor validante y sin escrúpulos de grupo, sí, en cambio con ese pulcro y definitivo pudor de “saber hacer lo mejor de nosotros” para todas y todos, es la grandeza de los nuevos griots de la modernidad, “dar sin nada que recibir”, “dejar la chagra, dejar la peca, la cosecha del rosal, dejar su cotidianidad para entablar un diálogo intercultural con la Diversidad y la Diferencia en el lugar del Petronio”.

Por eso, el estudio del Folk nos permite redescubrir las realidades pluriétnicas de regiones culturales y sociales de la región Pacífica. Es claro que han existido muchos procesos de traspaso, gracias  la creciente capilaridad social, que ha hecho mucho más frecuente que antaño, que estos procesos sean ascendentes o descendentes, [suceda] de unas clases sociales a otras [clasificando, desclasificando y reclasificando a los individuos] [en las taxonomías clasificantes de Occidente, que han vigilado y castigado, saberes populares, ancestrales y tradicionales], -sin preguntarse, porque muchas veces tampoco importa, en lo determinante- y tampoco -sin pensar ni advertir, sí esos procesos puedan agredir procesos fundacionales-,  e igual, -sin advenir, lo que también influye-, en que el concepto del “Folk se vaya ampliando, más allá de la tradicional zona de rusticidad y plebeyez a lo que era reducido el término y sus significados sociales”.

Lo folklórico se conserva y se difunde no sólo por medio de la imprenta, [los Medios de Comunicación se acercan al fenómeno pero, casi siempre son  acercamientos que sólo ven a lo folklórico desde lo sensacional, lo del margen de nota periodística poco profunda y sin respeto, es verlo desde lo superficial, desde la epidermis, lo exótico y con actitudes de mucho más desde el desconocimiento del “fenómeno cultural de lo folklórico cuando de informar seriamente y con responsabilidad social se trata” al informar: qué es, cómo se hace, qué comprende, cómo logra permear las periferias de lo urbano y cómo sus procesos culturales traducen una esencialidad de las resistencias, porque allí están demarcadas afirmativamente en lo que Iraida Vargas llama: “las resistencias culturales, de unas mayorías urbanas, que no se inhiben, que no se estancan, que se esfuerzan por “progresar” siendo en sus actitudes ellas, -valores, formas de resistencia, que son eficaces para seguir resistiendo, expresiones, con intereses sociales de permanencia social de lo cultural,  donde están representadas la diferencias étnicas y culturales-, donde hay que buscar aspirar desde sus valores sociales a lograr transformar sus valores culturales, sus acciones creativas, de la cotidianidad en otros testimonios, en otras identificaciones, en otras pautas culturales nacidas de la tradición y desde el Folk, desde donde pueden ahondar su composición étnica, sus patrones y elementos culturales y adquirir un determinado contenido político” como evidentemente lo estamos notando en las manifestaciones artísticas y culturales que se presentan en las escenas públicas del concurso  en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez.

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