El Petronio: El Currulao más grande del mundo

Por: Luis Fernando Tasceche
Un mar so

noro lleno del oleaje y el sabor Pacífico.

Desde que nació el Festival de Música del Pacífico siempre es muy grato descubrir que todas las cantadoras y los músicos que hacen las músicas de Marimba e interpretan los cantos tradicionales nos permiten sentir la vitalidad que éstas y éstos encarnan porque pareciera que desde el litoral recóndito nos hablarán desde cada espacio de sus venas, arterias, cuerdas vocales, ríos, manglares, gritos y chagras. Son sus experiencias vividas en cada rincón de aquellas tierras embrujadas las que traen los ecos de la vida y que suspiran en Cali cada agosto desde hace 15 años.
Es posible que el día que Germán Patiño se imaginó este encuentro simbólico, lo soñó como una oportunidad donde las gramáticas de las ritualidades afropacíficas pudieran dialogar y se reconstituyeran como ese “conjunto de sabereshaceres, reglas, normas, interdicciones, estrategias, creencias, ideas, valores y mitos que se han transmitido de generación en generación y que se reproducen en cada individuo, puesto que controlan la existencia de la sociedad y mantienen la complejidad psicológica y social” que tanto nos ha hablado Edgar Morin.

Un espacio social para el desarrollo de una interacción de ritos y creencias. Hablas y tambores, bailes y rezos, abaniqueos y flexiones, flirteos y chasquidos de pañuelos de colores, zapateados y risas que parecieran como ceremonias sacramentales impregnadas de unas fuerzas ancestrales y de unos contenidos mágicos que conversan y hablan desde la Memoria de una polifonía palenquera, cimarrona y raizal. La misma que ha aprendido el sentido del ritmo, la tradición oral, la huella de la africanía, en una acrisolada diversidad que hace un mestizaje étnico donde somos gemelos por el lenguaje y separados por las lenguas de las organizaciones sociales y de las culturas. La memoria es esa matriz de la sociedad humana, “arcaica o moderna que permite decir que no hay una que no tenga cultura, porque cada una es singular, siempre hay la cultura en las culturas, puesto que la cultura no existe sino a través de las culturas, -de la diversidad y la pluridad de individuos-, puesto que migran de una cultura a otra hasta poder universalizarse”19, asimilarse y enriquecerse. Por eso, es muy pertinente en el Festival, propiciar unos procesos que puedan concebirlo como un diálogo cultural para que no se minimicé y oculte la unidad humana que se ve en la diversidad de sus culturas y evitar que la consideren secundaria a la Memoria ancestral, tradicional y musical. El proceso del Petronio hay que concebirlo como una unidad que asegura y favorece la diversidad. Una diversidad que se inscribe en una unidad y eso es crucial porque la cultura mantiene la identidad humana en lo que tiene de específico; mantiene las identidades sociales como las del Pacífico aunque estuvieron aparentemente encerradas en sí mismas para salvaguardar su identidad que es algo bien singular; pero, son una cultura de culturas que igualmente son abiertas, pues se integran en ellas saberes y técnicas, ideas, costumbres, alimentos/gastronomías, individuos provenientes de otras partes, asimilaciones de otras latitudes que vienen de contenidos enriquecedores para
seguir siendo múltiples y terrenales como en un holograma que es Africano, Indígena, Español y Oriental]. Ese es el sentido profundo del Festival, es delirante y racional, es empírico e imaginador, es poético y palabrero, es lúdico y trabajador; tiene las virtudes de la Fiesta, que se manifiesta como el rito, como el afecto y la magia hasta alcanzar a ser supersticioso y mítico. Habla desde el fervor popular y de ahí la alta valoración que hay que darle al Petronio, que es una nueva oportunidad para resignificar las culturas diversas del litoral recóndito en un eterno diálogo intercultural de permanente negociación social.
“El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez es un Currulao grande. ElPetronio, es un Currulao gigante e inmenso. Es una fiesta que se hace para celebrar la vida y la libertad de los Afrodescendientes, pues es realmente un encuentro de los pueblos que se reúnen para cantar, bailar y gozar al ritmo de las músicas de marimba y de los cantos tradicionales” decía de forma vehemente y con mucha holgura, defendiendo una y otra vez, con una visión antropológica, práctica, creativa y crítica hacia una comprensión total, su creador el maestro Germán Patiño Ossa; el mismo que le dio forma y vida desde el inicio del concurso a las categorías de “Chirimía, Agrupación Libre y Violines Caucanos”; las que están estructuradas como mediaciones simbólicas que propician el diálogo, el encuentro a todo ese infinito murmullo de voces que alienta el alma a ser feliz más allá de las ataduras del mundo del afán y la literatura Klinex.
El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez es tan entrañable como el mismo mar Pacífico que ahonda con su musicalidad en la condición humana. El Festival profundiza en el despertar de una sensibilidad que apasiona y se autodescubre por la fuerza de los ritmos que hacen mover a propios y extraños en una gran fiesta del cuerpo y del alma. Una fiesta que embriaga totalmente por la fascinante calidez de sus expresiones artísticas y culturales. Una fiesta que nos hace trabajar colectivamente con el mismo amor que le tenemos a la grandeza de estas culturas. El festival es una fiesta donde se encuentran y se respetan todas las etnias que en quinientos años no habían podido vivir este proceso multicolor y abierto al mundo. El festival es un desafío en permanente reconstrucción, como lo argumentaba Alejandro Ulloa: “De cualquier manera los procesos sociales y las dinámicas culturales corren independientemente de nuestros deseos; pero los debates en torno a aquéllos y a éstas, son convenientes para saber dónde estamos. Si las interacciones se han de dar, como resultado del proceso, no podemos detenerlas, pero sí se puede mirar el pasado y evaluar el presente. La historia de la música popular de América Latina (incluida la del Pacífico) y el Caribe, es desde hace ya varios siglos, una historia de fusiones e interacciones entre ritmos africanos y géneros europeos, un encuentro desigual propiciado por la modernidad durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX. Conociendo bien la tradición y la historia hay que involucrarse en una dinámica de búsquedas y rupturas, cultivando a la vez el folclor típico, divulgándolo y enseñándolo, mientras se desarrolla también la tendencia progresiva, experimental e innovadora que convergerá en un producto nuevo de excelente calidad.
Y con él, penetrar en la industria con profesionalismo, entrar en el mercado pisando duro, tomarse la radio y la televisión, proyectarse internacionalmente, conquistar el espacio mediático y ganar el lugar que la región, la cultura y la música del pacífico se merecen en el concierto internacional del mundo globalizado”. Ese es el desafío que tiene la organización del Festival, pues el comité conceptual debe tener una mente abierta que asuma con certeza y pertinencia el gran potencial cultural del Festival como el encuentro de las identidades, de los esfuerzos, de las mentes creativas y de los corazones eslabonados y enamorados de las músicas de Marimba y de los Cantos Tradicionales del Pacífico.
Se requiere comprender como la música y la danza en el Pacífico y desde el África siempre ha abierto espacios de búsqueda a la expresión humana. Comprender como propicia espacios de interacción y promoción entre el sujeto, las comunidades y el medio que les rodea. Comprender como la danza y la música hacen que el ser humano tenga un encuentro consigo mismo y con los demás; son elementos fundamentales en cualquier proceso educativo y de comunicación y esas son las grandes bondades del Festival porque es un Festival que crea relaciones y permite muchas posibilidades de expresión, cada coro, cada estribillo permea la piel, explora en la sensibilidad, forja unas sensibilidades, se válida con mensajes, con dichos, es dinámico, produce entusiasmo, es sinónimo de alegría, se mueve con las manos, con el gesto corporal, potencia en el baile, el sentido de la danza y la música. La danza del Pacífico es una fuente de ideas para la música, en tanto sus símbolos poseen figuras y significados; le otorgan representaciones corporales a los gestos, a las ideas, a los significados, a la imaginación y los sueños.
El Festival es un ritual y una representación sacra, una alegoría fundamental de la creación humana, por eso, es lo más representativo del pasado, lo vital del presente y lo que se proyecta hacia el futuro de la Humanidad. Las culturas vitales de los pueblos del Pacífico logran crear una atmósfera contagiosa que es muy alegre y festiva. Es una atmósfera que nos envuelve y alimenta a todos los que asistimos a esta fiesta. En esta oportunidad,
asistieron miles que mal contados, en cada noche, podían estar entre los 25.000 y treinta mil seres humanos, que bailaban y cantaban con toda su alma unos coros eternos e inolvidables. Pero, el Festival, no era sólo lo que se vivía adentro del Estadio Olímpico Pascual Guerrero -el gran Centro de Servicios Sociales, Culturales y Deportivos, que engalanado de Pacífico pudo por fin verse en toda la región, en todo el país y en más de 49 países del orbe por vía streaming; -ese gran adelanto de las Tics, que permitió hacer llegar y mostrar hasta el lugar más recóndito de la tierra: La gran Fiesta Afrodescendiente y Mestiza del Petronio, la que consideramos para nuestros adentros, El Currulao más grande del mundo, ese territorio soñado, libre, encantado, embrujado y definitivo, donde jamás podremos olvidar el gran Palenque que creó el Instituto Popular de Cultura con más de 200 parejas bailadoras; el complejo gastronómico, artesanal y manual del sabor, con las delicias afrodisíacas que endulzan el paladar de los seres amantes y amadores de los frutos del Mar de Yenmayá; lo que permitió conocer su legado gastronómico, sus productos tradicionales y las nuevas tendencias de su cocina típica e internacional, que genera una enorme y más que merecida redención económica en sus hacedores y hacedoras y a la vez, preserva el arte culinario del Pacífico, gracias a “su extremada sabiduría que todavía preparan las viejas cocineras…las que impartieron la bendición y derramaron el agua, pues en algo o mucho aportaron en componentes y condimentos, en sazón y sabiduría culinaria, con todo lo cual se ha obtenido esa peculiar fragancia y el característico sabor, del que todavía son insuperables” decía Eugenio Barney Cabrera; porque desde allí ya están cimentados los clústeres de la renovada industria creativa, cultural, gastronómica, artesanal y turística más pujante de la inmensa región con sus tradiciones, su empiria, sus semejanzas y diferencias con el Caribe, desde el espiral de la madre África que cada vez más aparece en el horizonte, se agiganta y se reclama con más hondura y libertad para recrear las verdaderas esencias que son visibles en una atmósfera imborrable que nos
marca y seduce en miles de fragmentos en la Memoria musical.
Una atmósfera inolvidable que en cada canto, en cada poética de los temas que se cantaron y se bailaron, mostraron a propios y visitantes como está viva y presente una manera tan propia de los pueblos Afros que han creado estas culturas musicales tradicionales que se reúnen en torno del Petronio. Coros que reventaron nuestras almas y nuestros tejidos, himnos del alma, de la vida, de esas entrañas donde aprendemos de memoria que seguimos creciendo con la esperanza en un mundo mejor, que tenga acciones afirmativas de Humanidad y humildad, de grandeza espiritual y reconocimiento del Otro, para que pasemos a vivir Cien años de alegría en un país de la canela y los albaricoques, porque son como pretextos para seguir viviendo y contar la vida que nos toca en cada estrofa, en cada tonada de un bordón que refresque la Memoria: Somos pacíficos, estamos unidos, un arrullo desbordante que se repite y nos deja unir en medio de todas las soledades un espíritu que desea renacer más allá de la tragedia de la guerra.
A través de estos quince años el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez se ha consolidado como un complejo proceso cultural que busca desarrollar, conservar y divulgar las músicas tradicionales de la región, que instauran unas relaciones y unas prácticas sociales que desde la dimensión simbólica y representativa son el eje cohesionador del tejido social regional que crea sentido de pertenencia, reivindica los valores y aportes de la etnia Afrocolombiana en la conformación de la identidad nacional.
El Petronio Álvarez, es un proceso de desarrollo cultural que tiene su mayor expresión durante los cinco días de la competencia de las músicas tradicionales. En él participan cientos de artistas que provienen de todo el país y en especial, del Pacífico Sur.
Luis Fernando Tasceche
Santiago de Cali.
2012

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