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JESUS ANTONIO PATIÑO Y SU MÚSICA CAMPESINA

Jesús Antonio Patiño López, llegó hace 8 años a Dosquebradas (Risaralda), huyendo de la violencia. Con él se trajo a su esposa, una hija, su armónica y todo el folclor que heredó de su abuelo.Patiño es oriundo de Chinchiná, Caldas, pero su hogar ahora es el municipio industrial, en el que ha encontrado con quien compartir su música y su conocimiento de las labores del campo, “me tocó vender la finca porque fui maltratado por la subversión, se me robaron todo lo que tenía hace unos 12 años y 2 años después me mataron un hijo por quitarle una moto entrando a la finquita”.

Toñito el carranguero o Antonio pasillo, como se le conoce, ha ganado 3 veces el Festival del Pasillo de Aguadas, un Mono Núñez y fue nombrado el artista del siglo en Chinchiná.“Era el número uno desde pequeño en la escuela, el que izaba el pabellón nacional, el que interpretaba el himno nacional, el de los viernes culturales, estaba en todas las festividades, me recogía tiplistas, guitarristas, y así formaba mi rondallita, sonara como sonara pero hacíamos música, tomábamos aguardientico, pasábamos el día y nos conseguíamos los centavitos”.

Don Antonio tiene mucho que agradecerle a la música, “para vivir de ella es muy duro porque a veces hay trabajo cada 8 días, otras veces no, pero gracias a Dios con esta agrupación (Los Armónicos) con Antonio Benjumea Echeverri, José Elí López, Octivier López, tenemos 5 pasillitos de nuestra autoría, ahí están saliendo en CD poco a poco, muchas emisoras del eje cafetero suenan mi musiquita, donde voy a tocar vendo unos disquitos y ese es el alimento espiritual de los músicos, gracias a Dios y a la musiquita he podido sacar adelante el hogar y los hijos”.

Su trasegar en la música ha sido tal que incluso unos estudiantes de la UTP hicieron la tesis sobre su trabajo, “ellos sacaron un libro, me lo entregaron, falta es un apoyo para multiplicarlo y llevarlo a todas las casas de las cultura para que vean como se hace esta música”.Entre sus sueños está la asociación de músicos de Dosquebradas y una sede donde compartir sus bambucos, pasillos y música carranguera con la gente, donde los pueda escuchar y contratar, y tener una pensión que le facilite la vida.

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