UN DESPERTAR CON LA MUSICA

Artículo publicado en www.eldiario.com.co
Johanna Molano Marín

Hay quienes creen que los milagros existen y están palpables en muchas acciones cotidianas, pues bien, este es el caso de Paulo Andrés Urrea Morales, a quien lo diagnosticaron con autismo apenas a la edad de 4 años, prácticamente sus padres sintieron morirse lentamente cuando los médicos les explicaron que Paulo sufría de aislamiento total, que nunca aprendería a leer ni a escribir, que jamás sabría socializar y que viviría para siempre sumergido en un mundo propio como si se tratara de una bola de cristal.

Hoy, con 19 años de edad, Paulo entiende que fue bendecido con una gracia divina a la que él llama “música”, esa que le permitió conocer a la gente y recuperar el 70% de sus capacidades intelectuales y motrices, pues si bien Paulo no se recuperó por completo, si le dio a su familia una esperanza de vida, la misma que con especial simpatía conjuga para contarle al mundo que creer en algo y luchar por la vida son la base de la existencia.

Nadie se explica como un niño autista, caracterizado por tener poca capacidad para socializar y comunicarse, ahora pueda expresar todos sus sentimientos e ideas a través de la guitarra, el tiple, el requinto, la bandola, la organeta y el bajo, pues su coeficiente intelectual es tan desarrollado que apenas a la edad de 7 años era ya reconocido en Pereira como el prodigio de la música. Sin que nadie le enseñara y alejado del mundo terrenal, al escuchar por radio la canción colombiana “Esperanza”, tomó por iniciativa propia, una vieja guitarra guardada en casa y sus manos empezaron a interpretar majestuosamente aquella obra musical, que minutos antes había escuchado.

A partir de ese instante, sus padres Gilberto y Margarita, apostaron todo de sí para lograr que el pequeño, su único hijo, desarrollara una mente casi normal, así que lo ingresaron a clases de guitarra pero a los 7 meses, ya Paulo no tendría nada que hacer en esa academia, su oído estaba tan desarrollado para la música y su inteligencia era tan sorprendente, que requería clases especializadas.

A los 8 años, Paulo demostró que tenía “oído absoluto”, esa particular manera de crear música, la misma característica por la que fue conocido el fallecido y siempre recordado “Rey del pop”, Michael Jackson.

Con esa mirada que hipnotiza y esa manera única de gesticular y hablar, Paulo no necesita muchas palabras para explicar que la música lo sacó del mundo aislado. No hace falta más que las cuerdas de su guitarra para contarle al mundo que Pereira tiene en sus entrañas a un joven ejemplo de vida, a un artista y genio en todo el sentido de la palabra, a un niño autista que superó su enfermedad por medio de notas musicales.

Paulo tiene aún secuelas del autismo, se dificulta su expresividad y coherencia en los relatos, pero sin duda, las canciones hablan por él. Hay que estar cerca para alcanzar a percibir la grandeza de su alma, la fuerza que le impregna a las interpretaciones, la concentración que se evidencia cuando de cantar con guitarra se trata.

Su voz empieza a agitarse al hablar de la música, esas manos largas y fuertes se mueven de tal forma que todo pareciera normal, sus ojos profundos empiezan a revelar que su mundo es ese, que no le interesa nada más: “Estoy en séptimo semestre de Licenciatura en Música en la Universidad Tecnológica, me gusta mucho y espero lograr los objetivos con mucha fortaleza porque yo quiero ser uno de los mejores guitarristas clásicos del mundo”.

Sus aspiraciones no van lejos, ya a esta corta edad guarda una infinidad de trofeos que lo acreditan como uno de los mejores exponentes de la música colombiana a nivel local y nacional, porque ha sido siempre finalista y ganador en eventos como el Concurso Intercolegiado de Bambuco, en el que ha resultado 3 veces ganador, el Concurso Nacional del Bambuco, Concurso Cuyabrito de Oro, Cacique Tundama en Boyacá, Pasilleritos en Aguadas (Caldas), Concurso Nacional Interescolar en Belén de Umbría y en el Concurso Nacional de Villancicos que anualmente se realiza en Santa Rosa de Cabal.

Esto sin contar que desde pequeño es famoso por sus inimaginables arreglos musicales que le hace a diferentes artistas del Eje Cafetero y por sus composiciones que de sólo escuchar ponen “la piel de gallina” y generan un nudo en la garganta del espectador, canciones tan conmovedoras que sólo Paulo sabe interpretar.

“Ensayo unas 8 horas diarias. Me fascina la guitarra, le tengo mucho cariño, me siento feliz cuando la cojo, no se explicar, pero la guitarra me acariciara, me apasiono con ella, le tengo un profundo amor”, es la descripción más acorde que Paulo hace de este instrumento musical, el único que lo acompaña en esos momentos de creación, porque si bien aún no es capaz de socializarse con facilidad y se intimida con la presencia de la gente, cuando está solo sus creaciones musicales traspasan los límites de la armonía y son tan asombrosas que aterra hasta al más sabio.

A los 8 años ya empezaba a asistir a concursos nacionales de música colombiana y por épocas, reconocidas personalidades de la ciudad lo invitaban para que amenizara eventos y sin darse cuenta, Paulo regresaba a la casa con grandes aportes económicos como reconocimiento a sus aptitudes musicales, así que entendió, que además de una pasión, la música sería por el resto de su vida, un mecanismo de subsistencia.

Y eso lo tiene claro: “quiero llevar la música colombiana por todo el mundo, quiero crear un grupo instrumental pero diferente, con mi propio estilo musical que sólo tengo yo. Me gusta además de la música, el atletismo, como deporte, pero fuera de la música no me gusta nada más. Sueño con ser gran guitarrista, con tener mi grupo, con viajar como embajador de las tradiciones culturales. La música para mí es un medio de comunicar, de expresión y de dar a conocer mis sentimientos, aunque es poco fácil hacer música yo lo logro, es la base de comunicarme, son formas de comunicarme al mundo, la música es linda, es muy bella y requiere mucho trabajo”, dijo con un amor infinito.

Este “prodigio de la música” admira a Gentil Montaña, Edwin Guevara, Diego Estrada, “que es de los buenos buenos y de la música clásica a Pepe Romero, Antonio Laure y Andrés Segovia”, afirmó dejando claro que la música popular, siendo tan bien bella, merece su respeto porque no le gusta pero como buen artista sabe que es un género apetecido por la multitud.

Las canciones que más le gusta son “Campesino embejucado” y “Carta de contestación”, “De aquí no me voy”, “Hay que sacar el diablo” y por supuesto las canciones de su autoría, obras inéditas como “Somos todos” que habla sobre el amor, sobre Colombia y sobre los desplazados, “Tasita de café”, entre otras cinco composiciones que planea dar a conocer en un CD a mediados del presente año.

Aunque por muchos años se ha creído que el autismo es un retraso, la realidad es que es un mundo que les permite desarrollar habilidades que otros no pueden, de hecho, dentro del espectro autista del mundo se conoce que grandes personalidades como Sócrates, Charles Darwin, Isaac Newton, Ludwig Van Beethoven, Albert Einstein, Franz Kafka, Van Gogh, entre otros genios del mundo, fueron diagnosticados en su época con síndrome de autismo.

Esto quiere decir, que Paulo seguramente será lo que desea, porque, llámenlo milagro o no, aislado en su propio mundo, la música lo despertó de ese sueño profundo que lo tenía sumergido entre incógnitas e incomprensión.

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